Recuerdo cuando éramos niños y jugábamos en la calle al balón, los vecinos se quejaban porque jugábamos cerca de los coches y alguna vez hacíamos saltar las alarmas. “¡Iros a jugar al parque!”, nos decían.
Cuando tuvimos un poco más de edad y nos dejaron ir solos al parque, allí que íbamos porque se jugaba mejor. Pero siempre había alguna persona mayor sentada cerca o alguna madre con el carro de su bebé que nos decía “¡Niños! ¡Como me de el balón os lo cojo y os lo pincho!”.
A los polideportivos, que es el único lugar donde he podido jugar al balón si molestar a nadie no empecé a ir hasta los 16 años aproximadamente y ya por entonces valía alrededor de las 1500 pelas y tenías que ir 10 justos porque si no era un rollo, te matabas a correr si eras menos o a dar patadas si erais más.
Mi padre, que es la persona más íntegra que conozco, cuando era un crío allá por los años 50 de vez en cuando se divertía con los amigos yendo a robar manzanas a los huertos o disparando con tirachinas a las bombillas de las farolas.
Nunca me puso ese tipo de actividades como ejemplo, y creo que me ha criado en la responsabilidad pero yo también fui un niño y no pasé mi infancia escuchando a Mozart y discutiendo con mis amigos sobre el existencialismo o sobre la vida y obra de Kierkegaard. No olvidéis que todos hemos sido niños.
Un saludo.